Un poquito de moral-fiction (amateur)

Saqué mi móvil en mitad del viaje porque, por supuesto, el mío se empeña en ser el más solitario. Es trágico, a punto de mis 60 años, jamás haber conocido Norrbotten en más de dos décadas de colaboración al Kopimi. Ahora debo aguantarme las náuseas y seguir conduciendo sin mi copiloto estrella, Nicol, quien decidió una hora antes de esta travesía no ser mi acompañante. Dice, en nuestra más reciente discusión, que soy una pose mal estructurada de la generación hipo-orientada, esa generación que ya no se involucra con temas sexistas (incluyo al feminismo genérico) o de carácter político. No crecí rodeadx de personas como Nicol, por eso procuro pasar desapercibidx en el debate metafísico que homogeniza las conversaciones joviales. Por cierto, y disculpa si abandono el tema tan abruptamente (ya te acostumbrarás, suelo hacerlo), Nicol es de quien estoy enamoradx y a quien debo pedirle una disculpa en este instante, a propósito de la aparente banalidad de mencionar mi móvil en la primera oración. Incluiré algunos caracteres de mi apología a continuación por si desearas hacerme alguna sugerencia:

Jamás pretendí llamar por caprichos a tus derechos. No supe expresarme, sabes que soy imprudente desde la cuna. Estoy de acuerdo con tu unión sentimiental. Reconozco que el incesto me sigue tomando por sorpresa, soy algo viejx para adaptarme a tu ritmo, pero tienes y tendrás mi apoyo.

A todo esto te estarás preguntando quién chingados es Nicol. Bueno, te advierto que te cagarías a carcajadas con su sentido del humor. Yo le conocí en el quirófano cuando asistí su cirugía mamaria como internx. Los senos que ahora presume en cada oportunidad.
—Hacen que mi pene luzca más grande– fue lo primero que le escuché decir después de la operación. Me hizo llenar la sala de risas y entonces ya me gustaba mucho.
Jamás le he atraído en la misma medida, siempre he sido consciente de eso, pero me alegra que me confíe todas sus intervenciones estéticas desde que tengo mi propio consultorio.
Quizá no comprenderías mucho de la anatomía moderna en boga con el abaratamiento del trabajo médico, pero si tuviera que describirte la de Nicol te sugeriría que te olvides de los patrones convencionales: En su entrepierna ya no existe un pene (eso fue hace mucho, cuando las personas aún tenían activas sus cuentas de Twitter), en su lugar hay un agujero de unos siete centímetros que corona sus comisuras con bolitas de colágeno de medio centímetro de diámetro, “los mejores orgasmos se los debo a ellas”, asegura. Sus testículos lucen menos redondos, menos flácidos y más alargados, algo así como unos pepinillos; esos fueron obra mía, de las mejores transformaciones testales en el estado si me permites presumir. Sus senos tienen una pequeña protuberancia debajo de los pezones, también obra mía, formada con una base de líquido intersticial y grasa abdominal (si necesitas un poco de efectivo, los bancos de grasa corporal aceptan casi todo tipo de pacientes; te dejaré mi contacto); controladas mensualmente de forma intravenosa, su objetivo es multiplicar la sensibilidad del busto. Sus antebrazos tienen una hinchazón intencional provocada por dos placas de silicona de cinco centímetros de grosor que me recuerda, y te ilustrará mejor, a los antebrazos de Buzz Lightyear; la mitad de la población quiere algo similar para la temporada otoño-invierno. Además de sus injertos no hay nada que no conozcas ya de la cirugía plástica, así que detendré aquí esta descripción.
La estética contemporánea no consigue escandalizarme porque desde las escarificaciones presentí que el cuerpo humano se dirigía al carajo en un viaje sin retorno. Pero Cris, hermanx de Nicol, haciéndole sexo oral en vivo para un canal de porno en línea son el tipo de situaciones que me hacen sentir más fuera que dentro de la evolución moral, las circunstancias que, confesaré exclusivamente para ti (porque comienzas a agradarme), me hacen sentir más viejx que el cáncer de colon. Me escucho, me leo, me veo intolerante y viene a mi memoria el sermón eclesiástico que alguna vez sufrimos tú y yo en la infancia.
Soy una persona de amplio criterio, espero credibilidad cuando te digo esto: Creo en la autenticidad del poliamor, en la valoración científica de la metafísica, en las campañas de intervención alternativa a la pederastía, incluso tengo fe en algunas partes del salmo cienciólogo. Crecí con el menor índice de prejuicios en mi generación y mis dos madres se encargaron de mostrarme al mundo sin un género, raza ni nacionalidad. Suplico leas esto con seriedad: mi mente está abierta (sí, eres muy astutx, sí trato de convencerte para convencerme a mí mismx).
Entonces te detendrás aquí y te preguntarás: “¿Por qué mamas tanto con esto?”. No sé si quedó claro en los primeros párrafos, pero aún tengo conflictos para enfrentarme a los nuevos modelos de relaciones humanas. Nicol, su hermanx, el sexo oral, su amor; superan las expectativas –que desconocía tener– en cuanto a la revolución sexual y ética.
No es el primer caso –lo saben lxs egipcios– ni será el último. Todo comenzó con los primxs y hasta el día de ayer se leía en los periódicos que las manifestaciones en Berna por la relación sentimental de unx enfermerx con su hijx han cesado. “El amor es libre”, profesan en todas partes y yo lo creo, sin embargo me parece arriesgado calificar un sentimiento tan abstracto. El amor es inevitable, de eso sí no tengo duda, me sucedió a mí y me atrevo a suponer que a ti también. Para la psicología es un estado, para la filosofía una virtud, para la economía es una fecha y para la pornografía un talento; me repito constantemente lo anterior para averiguar si acaso se confundiera versatilidad con libertad, siendo el concepto de amor interpretado desde tan diversas perspectivas.
Yo no sé qué tan sana pueda ser la relación marital entre hermanxs de sangre, más sé que Nicol es feliz o al menos eso pretende y considero que la felicidad es lo más sano que se puede hacer por unx mismx.
Conocí a Nicol en el quirófano y fue la primera persona que me vio a los ojos antes que a las cicatrices, para mí, esa actitud es algo que no puedo pasar por alto ni en este siglo ni en veinte más y creo, amigx mío (para mí ya somos amigxs te guste o no), que estás de acuerdo conmigo.

Tu narrador, mi estimado imaginante.

Banco de lípidos: bl.co@anatomíaficción.org. Estamos a sus órdenes.

P.D.: No prejuzgues mi talento quirúrgico por mi aspecto. Me gustan, por eso las conservo.
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