Pasante de periodismo consideraría lenocinio de no conseguir empleo este año

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Prostitution / Foto de teengazette.com

Fulanita De Tal, recién egresada de la Universidad de Guadalajara, ha aplicado en alrededor de 230 vacantes en medio año y ha sido convocada a sólo seis entrevistas; en cuatro de estas resultaron insatisfechos con su experiencia y en las dos restantes prometieron llamar. No es necesario entrar en detalles cuando se trata del “nosotros te llamamos”.

Sin embargo, sí es esencial, para comprender la situación de Fulanita, entrar en detalles respecto a estadísticas, economía: números. Caracteres que, irónicamente, Fulanita elude en el teclado; que representan un tema hostil para quien dedicó cuatro años de estudio a las letras. Estos números aparecen para jugarle otra vez en contra, si es que Fulanita alguna vez ha sabido jugar siquiera, pues ¿Quién le apuesta al periodismo en estos tiempos, en este país, con esta banda ancha? Los valientes, quizá; los que raras veces prestan atención a las cifras, muy probablemente.

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Pasando a la parte difícil, el tema de las cifras, por razones de “confianza”, comodidad o cercanía recurriremos, en su mayoría, a aquellas que arroje el Inegi.

Inegi:
Incontables las veces que las cuentas no me cuadran ni quiero que me cuadren
Negaría en la encuesta que papá no tiene empleo y tampoco ganas de buscarlo
Estadística, no rompas más mi pobre corazón; estás pegando fuerte, entiéndelo
Gobierno, si me vas a mentir, hazlo con novelas; yo qué sé de indicadores
Irregularidades las hay en todas partes; en mi licencia, por ejemplo

La primera en la lista será la cifra del desempleo, que en noviembre del año pasado se presumió con orgullo como una de las más bajas, inclusive para la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), y a la altura de países como Alemania. Pero Alemania, a comparación de México, no sólo mide ocupación.

Nos queda claro que por la avenida va circulando el alma obrera de nuestra ciudad, que México es un país que se ocupa, que chambea, que le busca el modo a la crisis sin importar con cuantos emprendedores haya que competir en el puesto de tamales, en el autolavado del semáforo o en la venta por catálogo. ¿Que el empleo informal no es la forma correcta de ocuparse? Entonces habría que convencer a más de la mitad de los trabajadores mexicanos (57.8 por ciento, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo de noviembre de 2015) de aventurar su porvenir en alguna institución.

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Fulanita, por el contrario, está dispuesta a confiarle un sueldo a las instituciones. Es una lástima que las instituciones no confíen en ella. ¿Por qué? Porque no tiene experiencia, porque no tiene buena presentación, porque no estudió en el extranjero, porque no sabe nada más allá de la vida universitaria, que es cruelmente amable con los estudiantes mexicanos y, ¿Cómo no? ¿Qué más, si no su número de titulados, podría acreditar la competitividad del país? Según la Secretaría de Educación Pública (SEP), nada.

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¿Qué sucede entonces en un país lleno de gente competitiva? La realidad es incierta, pero el Inegi se arriesga con las respuestas: Sucede que más del 40 por ciento de la población con una carrera universitaria está desempleada o es el chofer del taxi que tomaste en el mercado. Sucede que más del 70 por ciento de los egresados percibe ingresos menores a los tres salarios mínimos, es decir, que existe una enorme posibilidad de que el taxista con el que abordaste en el mercado gane más que aquellos que caminan con bandera de licenciado. Sucede también que Fulanita eligió estudiar una de las carreras peor pagadas (entre uno y tres salarios mínimos según la Instituto Mexicano para la Competitividad), con menor demanda y, además, con uno de los peores escenarios laborales (el quinto país con más periodistas asesinados según el Committee to Protect Journalists).

¿Por qué lenocinio? “¿Y por qué carajos no?”, piensa Fulanita, que se encuentra bailando al vaivén de la incertidumbre entre las cumbias del rechazo y las del entusiasmo que le brindaría su popularidad como Sugar Baby.

Por supuesto, lo anterior no es más que una forma de amenizarles la lectura. Fulanita no está considerando la prostitución más allá de una broma para este texto, pero seguramente si la oferta fuese real, hubiese recibido más llamadas de las que ha recibido en todas sus aplicaciones profesionales.

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Como dato curioso, producto de una experiencia vivida en una de las tantas entrevistas malogradas, una prostituta que labora entre ocho y doce horas en un spa “sólo para caballeros” puede ganar alrededor de 300 pesos diarios si tiene la fortuna de caer en un negocio honesto, lo cual resulta complicado si partimos desde el hecho de que las vacantes para este tipo de empleos se anuncian solicitando “recepcionista” o “auxiliar administrativo” o “secretaria” o “ejecutiva de cuenta”.

Ingenua Fulanita, no sabe nada de la vida, tal vez por eso no la contratan.

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Nota para felicitar al ‘denmedio’

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-Se lo escribí en aquel momento para no olvidar repetírselo en persona-
Que no es el ADN o la genética o el B+ de la sangre ni nada similar con lo que se pueda seguir redundando. Creo -tal vez me equivoque, como es costumbre-, creo que es el tiempo; son escasos veintitrés años los que me vinculan así contigo. Creo también que importa una nalga cuántos hermanos perdidos tenga por ahí porque fue en tu cumpleaños de Batman, en ningún otro, donde quemé “cuetes” que tenían aspecto de vasos de fiesta (y pues, para qué mamar si eso eran). Desde ese día tengo una cicatriz con forma de mezquino en la mano izquierda; hace buen equipo con las otras tres y estoy muy segura de que se parece a la que te hice yo cuando te incité al juego de los vasos quemados.
Con temor a que la metáfora antes mencionada pudiese ser muy estúpida, muy personal o ambas cosas a la vez, lo que intento decirte es que son este tipo de cosas (como las pinches cicatrices y los jodidos vasos) las que me convierten en tu hermana. No te dejé dormir con las luces encendidas después de ver “El cuervo” pero aún así me diste la mitad de tu domingo el domingo que nos partimos la madre en el Burger King.
Sé que ansías encontrar entre esta felicitación tentativa las dos palabras, cinco letras que suelen describir de manera cuasi universal el sentimiento que tenemos el uno por el otro. Pero cómo explicarte, pues, que por personas como tú prefiero recurrir a la metáfora: quise englobar este desmadre que siento en el pecho con anécdotas mamonas en adornos literarios. Si para entonces no lo has descifrado eres más pendejo de lo que creí y me has estado leyendo mal todos estos años.
Feliz cumpleaños, D****

Un poquito de moral-fiction (amateur)

Saqué mi móvil en mitad del viaje porque, por supuesto, el mío se empeña en ser el más solitario. Es trágico, a punto de mis 60 años, jamás haber conocido Norrbotten en más de dos décadas de colaboración al Kopimi. Ahora debo aguantarme las náuseas y seguir conduciendo sin mi copiloto estrella, Nicol, quien decidió una hora antes de esta travesía no ser mi acompañante. Dice, en nuestra más reciente discusión, que soy una pose mal estructurada de la generación hipo-orientada, esa generación que ya no se involucra con temas sexistas (incluyo al feminismo genérico) o de carácter político. No crecí rodeadx de personas como Nicol, por eso procuro pasar desapercibidx en el debate metafísico que homogeniza las conversaciones joviales. Por cierto, y disculpa si abandono el tema tan abruptamente (ya te acostumbrarás, suelo hacerlo), Nicol es de quien estoy enamoradx y a quien debo pedirle una disculpa en este instante, a propósito de la aparente banalidad de mencionar mi móvil en la primera oración. Incluiré algunos caracteres de mi apología a continuación por si desearas hacerme alguna sugerencia:

Jamás pretendí llamar por caprichos a tus derechos. No supe expresarme, sabes que soy imprudente desde la cuna. Estoy de acuerdo con tu unión sentimiental. Reconozco que el incesto me sigue tomando por sorpresa, soy algo viejx para adaptarme a tu ritmo, pero tienes y tendrás mi apoyo.

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