Un poquito de moral-fiction (amateur)

Saqué mi móvil en mitad del viaje porque, por supuesto, el mío se empeña en ser el más solitario. Es trágico, a punto de mis 60 años, jamás haber conocido Norrbotten en más de dos décadas de colaboración al Kopimi. Ahora debo aguantarme las náuseas y seguir conduciendo sin mi copiloto estrella, Nicol, quien decidió una hora antes de esta travesía no ser mi acompañante. Dice, en nuestra más reciente discusión, que soy una pose mal estructurada de la generación hipo-orientada, esa generación que ya no se involucra con temas sexistas (incluyo al feminismo genérico) o de carácter político. No crecí rodeadx de personas como Nicol, por eso procuro pasar desapercibidx en el debate metafísico que homogeniza las conversaciones joviales. Por cierto, y disculpa si abandono el tema tan abruptamente (ya te acostumbrarás, suelo hacerlo), Nicol es de quien estoy enamoradx y a quien debo pedirle una disculpa en este instante, a propósito de la aparente banalidad de mencionar mi móvil en la primera oración. Incluiré algunos caracteres de mi apología a continuación por si desearas hacerme alguna sugerencia:

Jamás pretendí llamar por caprichos a tus derechos. No supe expresarme, sabes que soy imprudente desde la cuna. Estoy de acuerdo con tu unión sentimiental. Reconozco que el incesto me sigue tomando por sorpresa, soy algo viejx para adaptarme a tu ritmo, pero tienes y tendrás mi apoyo.

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